Sexo en Nueva York: La serie que marcó un antes y un después en las mujeres
- Andrea Rivera

- 28 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Fue en 1998 cuando apareció "Sexo en Nueva York", y nadie imaginaba el impacto que podía generar una serie sobre cuatro amigas que viven en Manhattan. Una ficción que dio voz al deseo femenino, a la independencia emocional y al caos de la vida adulta, todo reflejado en la vida de cuatro mujeres con personalidades completamente distintas, pero unidas por la necesidad de entender quiénes son y cómo se perciben a sí mismas.

Hoy, después de casi dos décadas, se puede decir que "Sexo en Nueva York" no ha sido simplemente entretenimiento, sino que además ha sido una forma de vida. Quizá fueron las vistas de la Gran Manzana, las infinitas fiestas o las copas de Cosmopolitan. Lo cierto es que la serie nos enseñó lo que es el deseo femenino, la independencia y la moda como forma de lenguaje personal.
La vida de cuatro mujeres cuya obsesiones siempre han sido las compras, los hombres y el sexo. Sin embargo, también nos han ofrecido una mirada diferente del feminismo, la maternidad e incluso la sexualidad del placer femenino.
El personaje que rompe todas las reglas y que es, por excelencia, la personificación de libertad es Samantha. Cómo olvidar la primera vez que Samantha se enamoró de un hombre y dejo una frase que, desde entonces, se convirtió en un mantra de autoestima para muchas mujeres: "Te quiero, pero me quiero más a mi". O perlas como: "Me vestiré como me dé la gana y chuparé a quien yo quiera mientras pueda seguir arrodillándome y respirar". Siempre tan directa, libre y sin disculparse por ser quien es.
En la cara opuesta de la moneda, Charlotte York, una mujer tradicional, aunque abierta a probar nuevas experiencias. Un ejemplo inolvidable es el famoso "conejito" un vibrador, que por aquel entonces, era una absoluta novedad y que Charlotte estaba dispuesta a probar. Y vaya si lo probo... En este episodio, las cuatro mujeres dieron una auténtica lección de los que es realmente el orgasmo femenino.
Llegamos a la maternidad, donde se apuntaron al club dos madres: Charlotte y Miranda. Dos personajes que representan dos caras de la moneda. Dos mujeres diferentes que representan dos formas de vivir la maternidad. Dos perspectivas que aportan diversidad y abren el debate sobre los diferentes modelos de familia.

Miranda es una mujer independiente, ambiciosa y entregada a su carrera. La maternidad le roba tiempo, energía y espacio para crecer profesionalmente, y aun así continúa adelante, cuidando sola de un bebé mientras trabaja. Su personaje refleja de forma impecable el feminismo, el empoderamiento y la importancia del amor propio. Aunque Miranda es un pilar feminista, no es la única: Samantha dirige su propia empresa y Charlotte es responsable de una galería de arte, demostrando tres formas distintas de independencia.
En cuanto a un tema importante en la serie seria la soltería. Una mujer soltera en Nueva York serie algo raro e inédito. Tanto es así que al principio de la serie, parecía una búsqueda del tesoro para encontrar un marido perfecto. Sin embargo, a medida que la serie avanzaba se mostraba la libertad de estar soltera, incluso las cuatro estaban en la misma situación. "Estar soltera solía significar que nadie te deseaban. Ahora significa que eres muy sexy y te tomas tu tiempo en decidir cómo quieres que sea tu vida y con quién quieres compartirla", escribía Carrie Bradshaw.

Es precisamente Carrie quien nos enseña la idea de tener relaciones tóxicas. Durante su interminable historia con Mr. Big, muestra cómo se romantiza una relación dañina y lo difícil que es un romance entre dos personajes que comienzan con cuernos y un divorcio. Son varias las ocasiones en las que Charlotte, Miranda y Samantha la advierten de la toxicidad de esa relación y de que esa "boda" no llegará como ella se espera.
Por último, no puede faltar algo de diversidad en la serie, y en este caso Stanford Blatch es uno de lo personajes más queridos de "Sexo en Nueva York". No solo por la ternura que transmite, sino porque muestra los retos a los que se enfrenta un hombre de la comunidad LGTB+, incluida la dificultad para encontrar pareja y luchar por encajar en un entorno que no siempre es amable con el.
Las aventuras de las cuatro protagonistas no solo nos llevan a restaurantes de lujo o la Gran Manzana; también nos conducen a temas mucho más diversos que afectan en primera persona a millones de mujeres en todo el mundo. Sexo en Nueva York construye un discurso feminista, cuyos guiones más importantes son el empoderamiento de las mujeres y la independencia femenina.





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